Día 17

Aquello que te enriquece te cuida

Hoy vengo a proponerte que hagas lo que te enriquece y te cuida, además trabajaremos con pensamientos. Y te haré una propuesta que no puedes rechazar.

Realizar de forma habitual actividades que nos son nutritivas es una forma de atendernos. 

Sin embargo, con frecuencia se dedica tiempo y energía a pensamientos y actividades que no son beneficiosas y nos colocan en una posición incluso problemática.  

Hay muchas personas que solo comienzan a ocuparse de sí mismas o de lo que verdaderamente vale la pena cuando están enfermos, tras un accidente, después de una crisis…  

Yo te invito a que no esperes a que el estrés, la enfermedad o los problemas dominen tu vida para realizar actividades que te enriquezcan. Es útil tenerlas presente para cuidar tu intención de forma regular y cuando todo va bien. 

 

Tus actividades cotidianas

Me gustaría proponerte que hagas una lista de actividades cotidianas de un día normal. Observa esta lista y revisa cuáles de ellas te quitan energía y cuales te la dan. 

Haz dos columnas en tu cuaderno e indica a la izquierda las que te aportan energía, y a la derecha las que te la quitan. Puedes también cuantificar cuanta energía te quitan o te dan valorando las actividades entre un +3 y un -3. 

Ahora te propongo que te preguntes lo siguiente: 

  • De todas esas actividades, ¿a cuáles les podrías dedicar más espacio en tu vida? 
  • Para las actividades que no puedes eliminar de tu vida (transporte, comida, limpieza…) ¿cómo podrías hacerlas más agradables?

Reflexiones sobre el pensamiento

No te creas lo que piensas. 

¡Sí! Esta es la primera propuesta que te hago.

El ser humano piensa continuamente, muchas veces sin ser consciente de ello. La mente está en continua actividad, comparando, prediciendo, juzgando, explicando… todo ello sin cesar.  

Este modo de trabajo por defecto ha sido el sistema de supervivencia heredado de nuestros ancestros. Permitía predecir, juzgar y comparar de forma que fuera fácil detectar amenazas y escoger la mejor opción para sobrevivir.  

Aún hoy es fundamental su funcionamiento. Así que no pienses que hay nada malo en tus pensamientos. 

El problema que podríamos decir que existe es la relación que mantenemos con los pensamientos, porque nos lo tomamos en serio y dejamos que rijan nuestra vida. 

Hagamos ahora un experimento. 

Permanece en silencio, si quieres atiende tu respiración e intenta no pensar en nada durante 1 minuto. Deja que cada vez que aparezca un pensamiento, lo notes y lo dejes ir, para atender el siguiente que llegue. 

¿Cómo te las has apañado? ¿Bien, mal, regular? 

Ahora, concéntrate un poco más e intenta no pensar en un elefante rojo durante un minuto.  

¿Has pensado en un elefante rojo durante el ejercicio? 

Como ves, no es posible controlar los pensamientos, y no es nuestra finalidad. Los pensamientos, son incontrolables e incesantes. Puedes imaginarte que se trata de una marea que sube y baja. El tema no es dejarse mojar por las olas, y más aún no dejarse llevar por la corriente. 

Intentar controlar los pensamientos, o querer evitarlos, es fuente de problemas. La clave es atenderlos en lo posible y soltarlos cuando no nos valen, no dándolos como una realidad. 

Cuando notes que te estás tomando muy en serio tus pensamientos. Pregúntate ¿es eso verdad? 

Practica hacerte la pregunta ¿Es eso verdad? Cada vez que notes que te estás tomando muy en serio. Mira si tienes 100% la certeza de que tu pensamiento es cierto. 

Para ilustrar a lo que me refiero te contaré una historia: 

La brevísima historia de Valerie Cox te ayudará a entender a qué me refiero. 

HISTORIA

EL LADRÓN DE GALLETAS

Una mujer esperaba una noche en un aeropuerto a que llegase su hora de embarcar. Entró en la tienda del aeropuerto y escogió un libro, compró una bolsa de galletas y buscó dónde sentarse. 

Estaba absorta en el libro, cuando vio que el hombre que tenía al lado, con todo descaro, sacaba una galleta de la bolsa que estaba entre los dos, y ella simuló no percatarse para evitar una escena. 

Ella leía, comía las galletas y miraba el reloj, mientras el «ladrón de galletas» le consumía las provisiones. A medida que pasaban los minutos se irritaba cada vez más, pensando: «¡Si no fuera tan educada, le pondría un ojo morado!». 

Por cada galleta que ella sacaba, él sacaba otra. Cuando solo quedó una, se preguntó qué haría él. Con una sonrisa en la cara y una risa nerviosa, el ladrón sacó la última galleta y la partió por la mitad. Le ofreció a ella una parte mientras se comía la otra. 

Ella se la arrebató mientras pensaba: «¡Ay, hermano!, ¡qué descarado es este tipo, y qué grosero, pues no ha mostrado el menor agradecimiento!». 

La mujer nunca había sentido tanta rabia, y suspiró aliviada cuando llamaron para embarcar. 

Recogió sus cosas y fue hacia la puerta negándose a girarse y mirar al «ingrato ladrón». Subió al avión y se hundió en su asiento y buscó el libro, que casi había terminado. Al hurgar en el equipaje, ahogó un grito de asombro. ¡Allí, ante sus ojos, estaba su bolsa de galletas! 

«Si estas son las mías —gimió con desesperación—, ¡entonces las otras eran suyas y él trataba de compartirlas!». 

Demasiado tarde para disculparse, comprendió con dolor que: ¡era ella la grosera, la ingrata, la ladrona! 

Como ves, tener una certeza no siempre significa estar en lo cierto. Nuestros juicios precipitados y pensamientos no siempre son acertados. A veces, cuando nos damos cuenta, es demasiado tarde.

Recuerda

No te tomes muy en serio y date espacio para hacer aquello que te llena.

Utilizar tu móvil y aparatos digitales con intención ayudará que crees espacios para cuidarte y hacer aquello que te nutre. Comer lo que es bueno para ti, generará de forma inevitable bienestar, prescinde en lo posible de las cafeínas aunque sea solo unos días y nota a ver que pasa.

Acuérdate, no es igual tener la certeza que estar en lo cierto, la historia del Ladrón de galletas lo ilustra de forma muy clara.

Haz que sume

 

Actividades de tu día a día que sumen, que sean necesarias.
 
Pensamientos, no te los tomes muy en serio siempre, pregúntate —especialmente si te generan malestar— ¿es eso verdad?.
 
Tu alimentación y el uso de lo digital, haz que también sumen.
 
¡Mañana seguimos!
¡Gracias por ser! ❤️

 

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